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La idea popularizada de inteligencia emocional suele estar relacionada con la capacidad para gestionar emociones, y no va desencaminada. Pero la verdad es que, lejos de ser sólo un campo de estudio teórico, la inteligencia emocional se ha convertido en una característica indispensable –hasta se podría decir que la más importante- para ser un buen líder.

Algunos expertos en la materia han expresado la necesidad de capacidades no-técnicas como las bases fundamentales para el liderazgo. La formación, creatividad y motivación tiene que formar parte del filtro, pero la cualidad esencial es la inteligencia emocional.

Algunos estudios segmentan esta inteligencia en diferentes características que la construyen:

 Capacidad de auto-regulación

Está relacionado con la capacidad para gestionar emociones, tanto negativas como positivas. La auto-regulación es símbolo de sensatez: de saber dar en cada momento la cantidad apropiada de enfado, entusiasmo, motivación o frustración. Esta característica ayuda a que los trabajadores tengan confianza en su jefe y le consideren alguien que es apropiado en todo momento, dando así una imagen de honradez.

El conocimiento de uno mismo

La capacidad para saber identificar las propias fortalezas y debilidades es un punto esencial. Un líder tiene que saber qué es lo que se le da bien y lo que se le da mal. Esa misma capacidad para evaluarse permite que deje margen en algunos aspectos, a personas que técnicamente puedan tener más conocimientos que él y por tanto dar al equipo un incentivo para trabajar. Si se es capaz de aceptar que otros trabajadores tienen mejores o iguales capacidades para llegar a cabo ciertas actividades, se crea un clima donde todos tienen voz y voto, mucho más productivo y se genera un ambiente motivado.

Tener empatía

La empatía es necesaria y no estrictamente para ponerse en el papel emocional del otro, sino para saber lo que necesita y regular la satisfacción con su trabajo.  La empatía tiene que ver con la capacidad de saber identificar lo que falla o lo que necesita el equipo, anticiparse y saber resolver los problemas antes que ocurran.

Habilidad social

Esta característica va muy relacionada con la empatía. Se trata de saber qué hacer y cuándo hacerlo. La habilidad social permite que un líder tenga facilidad para entablar relaciones tanto con sus trabajadores como con posibles vínculos empresariales y le permite presentarse  como alguien abierto que sabe comunicar sus ideas

Estar motivado

No debe confundirse con la capacidad para motivar, sino que un líder tiene que ser la primera persona con entusiasmo respecto los proyectos. Si el que toma las decisiones está comprometido e ilusionado con su trabajo, eso crea vínculos entre los empleados y lo que están construyendo. La motivación del líder es esencial para que un equipo tire hacia delante. Sobre todo cuando el entusiasmo sigue allí a pesar de los obstáculos y las dificultades.

En definitiva, un líder no se define por sus cualidades técnicas ni por sus conocimientos, sino que su figura se construye alrededor de una representación más abstracta. La inteligencia emocional de un líder es lo que le define como tal. Sin embargo, justamente éste tipo de inteligencia es el más difícil de cultivar y va más ligado a la personalidad de cada uno, por eso se requiere mucho esfuerzo, dedicación y autocontrol para lograr convertirse en un líder de referencia.

 

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