Liderazgo en tiempos de crisis

Las empresas españolas están atravesando momentos difíciles, y es en tiempos como los presentes cuando se requiere de liderazgos fuertes y comprometidos que vuelvan seguras las empresas.

Jordi Molla, el profesor de Habilidades Directivas del International MBA de la Salle Campus Barcelona -URL, pone de manifiesto las claves del liderazgo en tiempos de crisis.

El profesor Molla resume en dos grandes pilares las claves para liderar en los tiempos que corren. En primer lugar, tener la capacidad de asegurar resultados, esto se consigue examinando de manera eficaz los principales indicadores de negocio, interpretando los KPIs más relevantes. Una vez que se tienen claros los indicadores, objetivos y resultados se tendrá en cuenta el otro foco de atención, el desarrollo de personas, en este punto el líder tendrá que asegurar que se dan las actitudes necesarias para la consecución de los resultados, teniendo muy presente el crecimiento personal de las personas.

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Business management para gente con ética

Mantener una empresa a flote en tiempos de crisis obliga a tomar decisiones difíciles, a veces tan necesarias como dolorosas. Pero, en ocasiones, la recesión también sirve de pretexto a empresarios sin escrúpulos que solamente aspiran a multiplicar sus beneficios. ¿Es posible hacer negocios sin perder de vista los valores morales de nuestra organización? Germán Aragón, profesor en los máster MBA que La Salle imparte en Barcelona, defiende la necesidad de mantener la ética empresarial en su artículo de hoy para el diario La Vanguardia. ¿Cómo? Fomentando la transparencia y la participación de empleados y accionistas:

Recuperar la confianza en las empresas
Estos son tiempos difíciles y desmoralizadores para aquellos a los que ha afectado negativamente la situación económica actual. Coincidirá conmigo si le digo que no son tiempos fáciles para empresarios con buenas intenciones. La presión por sobrevivir y no extinguirse está siempre presente. Y no me refiero a la búsqueda desesperada por el beneficio, sino simplemente a poder seguir abriendo cada día. ¿Cómo evitar el peligro de extinguirse? ¿Bajando los estándares para reducir gastos? ¿Ahorrando en las pruebas de seguridad de los productos poniendo a los clientes en peligro? Las respuestas a este tipo de preguntas son fáciles cuando el bienestar de la persona es la prioridad. Pero la presión por sobrevivir no termina aquí. ¿Qué pasaría si tuviera que hacer frente al dilema de cerrar o despedir parte del personal, o entre cerrar el negocio completamente y trasladar la industria a otro lugar?

Desde luego, hay algunos negocios que aprovecharán la actual situación para aumentar sus beneficios, con el consiguiente perjuicio para los empleados del centro de trabajo afectado por la mentada deslocalización. Pero no estamos hablando de estos casos. Hablamos de aquellos hombres y mujeres de negocios honestos cuyas compañías están en la lista de negocios en peligro de quiebra. Estos empresarios deben considerar ambas dimensiones, la financiera y la ética. Si las cuentas son honestas, los requisitos financieros para una empresa sostenible deben estar relativamente claros. ¿Pero qué hay de la ética en nuestras decisiones? Escucho a los empresarios decir: “si mi compañía no sobrevive, no habrá trabajo para ninguno de nosotros, y por supuesto que no habrá un lugar para discutir entre nosotros sobre la naturaleza ética de nuestras decisiones puesto que habremos dejado de existir.” Dirigir una compañía no es tarea fácil bajo ninguna circunstancia. Competir en un mundo empresarial globalizado durante las 24 horas del día, los 7 días de la semana, los 365 días del año plantea un sinfín de dilemas éticos.

¿Dónde buscamos orientación? Yo propongo que nos demos la oportunidad de reflexionar sobre el rol que las empresas tienen dentro de la sociedad. ¿Es este un rol únicamente para generar riqueza para pocos o bienestar para muchos? Está claro que todos los bienes y servicios que las empresas brindan tienen impactos positivos y negativos en las personas. Hoy en día vivimos en un mundo desarrollado por políticas imprudentes, turbias y con poca visión de futuro que han dañado profundamente nuestra sociedad. Propongo a las empresas que recuperen nuestra confianza siendo transparentes, dando poder a los empleados y buscando el consenso con sus accionistas. Esta actitud facilitaría un ambiente empresarial más sensibilizado con la ética que, en definitiva, nos beneficiaría a todos.

¿Y vosotros, qué opináis? ¿La crisis os ha planteado nuevos dilemas éticos en vuestra práctica diaria como directivos?

Germán Aragón es especialista en ética de negocios y profesor en el International MBA de La Salle Campus Barcelona. Además ejerce como asesor para el programa formativo internacional de Graduado en ADE, también dentro del marco de La Salle Business Engineering School. Fuera del ámbito formativo, es socio consultor de la empresa de servicios lingüísticos Bi-Cultural Europe.

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10 consejos para blindarse contra los morosos

Mientras esperamos a que llegue el Breakfast La Salle sobre morosidad del próximo 13 de noviembre, recopilamos 10 consejos básicos que hemos visto en el blog Riesgo y Morosidad.

1.- Establece una política de crédito clara y comunícala a tus clientes. Incluye las condiciones de pago en el contrato y detállales las consecuencias de retrasarse. Documenta todas las ventas con una orden de pedido, un albarán y una factura. Si hace falta, no dudes en recurrir a una empresa especializada en cobros.

2.- Marca los límites de crédito. Antes de ofrecer crédito a tus clientes, infórmate de su solvencia y analiza tu propia liquidez. Si es necesario, cobra intereses de demora.

3.- Ten la costumbre de comprobar direcciones. Asegúrate de tener siempre al día dirección, teléfono, fax, email y, por supuesto, CIF de tus clientes.

4.- Revisa periódicamente la solvencia de cada cliente. Empresas que fueron buenos clientes en el pasado pueden dejar de serlo. Es importante detectar a tiempo las señales de alarma. Por ejemplo:

  • El cliente pide un plazo mayor para pagar o tarda más de lo habitual en hacerlo.
  • El cliente debe más dinero del límite de crédito acordado.
  • El cliente detecta incidencias misteriosas en las facturas, que retrasan el pago.
  • El cliente compra menos que antes.
  • El banco ha devuelto alguno de sus recibos.
  • La reputación de este cliente entre otros proveedores no es buena.

5.- Plazos de pago flexibles. A los nuevos clientes, exígeles plazos de pago cortos. Una vez se ganen tu confianza, puedes alargarles el crédito. Sé menos flexible con los de más riesgo y, si detectas un mal pagador, en adelante cóbrale al contado.

6.- Guarda un histórico de pagos. De este modo podrás detectar anomalías a tiempo o bien ofrecer mejores condiciones de pago a los clientes más cumplidores.

7.- No esperes para reclamar la deuda. Envía la primera carta de recordatorio, como máximo, dos semanas después de la fecha de vencimiento, y refuérzala con llamadas o emails. Puedes enviar dos cartas más, a intervalos quincenales. Si después de la tercera siguen sin abonar la factura, ponte en manos de una empresa de gestión de cobros.

8.- Aplica intereses de demora y costes administrativos de recuperación. Perseguir morosos no debería ser tu trabajo y supone un sobrecoste para tu empresa, que se suma a la deuda. Haz que tus clientes lo comprendan.

9.- Intenta resolverlo por la vía amistosa, pero no temas recurrir a una empresa externa de gestión de cobro. A la larga, ahorrarás dinero y ganarás en calidad de vida.

10.- No vendas la piel del oso antes de cazarlo. Una venta no se completa hasta que se recibe el pago. Recuérdaselo a tu equipo comercial y haz que se involucren también en los cobros.

¡Ven el próximo martes a desayunar en La Salle Barcelona! De la mano de nuestros expertos, aprenderás otros trucos para lidiar con los morosos y protegerte de los impagos:

¿Buscas un máster MBA en Barcelona que te enseñe a superar los retos y dificultades reales de una empresa? ¡Pídenos información!

 

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Creatividad en tiempos de crisis

Desde que empezó la crisis, todo el mundo se frota las manos a la espera de un inminente chasquido de dedos que ponga las cosas en su lugar. Las falta de liquidez y beneficios, el aumento de los impuestos y de los precios, la reducción de las plantillas, sólo hace que no sea posible ver la luz al final del túnel y, por tanto, que muchas empresas terminen yéndose a pique. Sin embargo, Albert Einstein decía: “Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. ¿Es entonces la creatividad la solución a la crisis? Joaquín Jiménez, profesor del International master MBA en La Salle Campus Barcelona, reflexiona y ofrece su punto de vista sobre esta cuestión en La Vanguardia, donde insiste sobre la necesidad de ser creativos para que las empresas dejen de hundirse.

Las primeras medidas a implantar cuando las compañías no alcanzan la cifra prevista de beneficios llegan a través de dos vías tradicionales: la reducción del coste de producción (o del precio de compra) y la reducción de los gastos de estructura.

Como ya sabemos,  el impacto del primero no es comparable al del segundo. Lo recordaría hoy López de Arriortua, aquel ejecutivo que revolucionó el mundo del automóvil y que fue disputado por las grandes marcas por saber diseñar estrategias que actuaban antes sobre los costes de producción que sobre los gastos de estructura. Sin embargo hoy, con una profunda crisis que ha derrumbado la demanda, hemos perdido la posibilidad de ajustar los costes de producción y solo nos queda reducir los gastos de estructura.

Por tanto, necesitamos ideas para aumentar las ventas y, en tiempos de crisis, es precisamente cuando el ingenio y la innovación se agudizan. No hay más que leer la prensa: bares de copas agrupados para ofrecer la ruta del gin-tonic en Barcelona e incluso hoteles que ofrecen habitaciones a 10€, son solo la punta del iceberg.

Para incrementar las ventas es necesario diferenciarse y eso solo se consigue con creatividad. Un competidor introduce un nuevo producto o servicio más económico que el nuestro y con prestaciones aparentemente similares y, como nos encontramos inmersos en la era del low cost, la reacción inicial de algunos de nuestros clientes será comprar a nuestro competidor.

¿Qué hacemos? ¿Innovamos? El pensamiento creativo nos llevaría a buscar un producto alternativo ofrecido en condiciones también novedosas, pero mientras no lo desarrollemos vamos a ir perdiendo ventas durante algunos meses y lo que es peor, clientes.

Hay que anticiparse y, sin lugar a dudas, ser creativos. Buscar un equipo de especialistas en mercadotecnia, a los cuales pedirles esas ideas innovadoras no es la mejor solución ya que en muchos casos no disponen de un conocimiento global de la compañía ni de un conocimiento profundo del mercado, los cuales representan el tamiz por el que hay que hacer pasar las ideas que genera la creatividad, para que sea realmente aplicable.

¿Quien posee ese conocimiento? ¿Solamente el Director General y los directivos? Todas las personas que forman parte de la empresa tienen la responsabilidad de aportar creatividad e innovación y, para ello, los directivos deben crear el caldo de cultivo para que florezcan y sean posibles.

Joaquín Giménez es profesor de Dirección Comercial en el International MBA de La Salle Campus Barcelona y en La Salle Open University. Además, es Director de Ventas en Epson Iberica.

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Productividad sin miedo: la mejor receta de recursos humanos

El miedo a perder el puesto de trabajo no mejora la productividad. Como mucho, puede ayudar en un momento puntual, pero a medio y largo plazo tiene consecuencias nefastas. Los empleados que se sienten amenazados rinden menos, enferman más y son menos creativos. En cambio la confianza, la autonomía y el elogio por el trabajo bien hecho pueden hacer milagros. Juan F. Arza, profesor de MBA en La Salle Campus Barcelona, desmonta la falacia del palo y la zanahoria en su artículo Cómo mantener la motivación en tiempos difíciles, publicado en el diario Expansión:

Muchos trabajadores se sienten decepcionados y frustrados por la reacción de sus empresas y directivos ante la crisis. Creen que están pagando los platos rotos de una mala gestión y de una baja calidad directiva.

Por otro lado, muchos directivos creen que las buenas prácticas de gestión de personas deben quedar aparcadas porque no tienen sentido en el contexto actual. Si no pueden recurrir a la retribución u otros incentivos materiales para recompensar el desempeño, ¿cómo van poder motivar a sus trabajadores? ¡Pueden conformarse con conservar el empleo!

Unos y otros tienen parte de razón. La crisis ha dejado al descubierto nuestras vergüenzas y ha limitado nuestro margen de acción.

Pero debemos adaptarnos rápidamente a la nueva situación y mirar al futuro. Mantener o recuperar la motivación en las actuales circunstancias no es sólo pensamiento bienintencionado, sino también un imperativo para la sostenibilidad de los negocios. El miedo puede mantenernos despiertos y activos en el corto plazo, pero en el medio y largo plazo genera reacciones contraproducentes y acaba por paralizarnos. Hablemos entonces de algunas formas de superar el miedo y de mejorar la motivación.

Una buena estrategia de motivación debe partir de un análisis realista de nuestras posibilidades. En las situaciones adversas sobreviven aquellos que evalúan con objetividad sus opciones e intentan aprovecharlas al máximo. Debemos dejar de lamentarnos o de buscar soluciones mágicas. Fijemos objetivos claros y alcanzables, acordémoslos entre todos, y pongámonos a trabajar con paciencia y constancia por los mismos.

Nunca como ahora ha sido tan importante fomentar la innovación, y ésta depende básicamente de las personas. Innovar no es sólo inventar un producto o tecnología novedosos y disruptivos, sino también mejorar gradualmente nuestros procesos para lograr más calidad y ser más eficientes. Si los empleados sienten que sus contribuciones son importantes y que pueden influir en su entorno positivamente, su desempeño mejorará y también lo hará su capacidad para innovar. Demos pues autonomía y confianza a las personas para que se sientan propietarias de su trabajo y de sus resultados.

Si no podemos reconocer el trabajo bien hecho con dinero, hagámoslo de otra manera. No menospreciemos el valor del reconocimiento, del elogio sincero y de la valoración genuina de las capacidades de nuestros colaboradores.

Otra característica de los supervivientes es su habilidad para utilizar los recursos que tienen a su alcance de forma creativa. La mayoría de políticas y buenas prácticas de RRHH no requieren de grandes inversiones, sino de una acertada visión estratégica y de voluntad decidida de implantarlas. En este sentido, un concepto clave en nuestro futuro es el de “flexibilidad”: en la organización del trabajo, en las condiciones laborales, en la retribución… En lugar de lamentarnos por lo que no podemos hacer debemos comenzar a centrarnos en lo que sí podemos hacer.

A los escépticos, permítanme hacerles una pregunta: ¿acaso tenemos algo que perder?

 

Juan Francisco Arza es experto en recursos humanos y profesor de Dirección de Personas en el International MBA de La Salle Campus Barcelona. Además, también es socio fundador de Arza & Legazpi, consultoría de dirección, gestión y desarrollo de personas.

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¿Es la peor crisis económica por la que hemos pasado?

Tenemos la sensación que la situación económica que vive el país es la peor por la que ha atravesado. A pesar de los agoreros, si la comparamos con otras anteriores, hemos evolucionado y hay aspectos positivos que podríamos destacar. El profesor de Finanzas del International MBA de La Salle BCN, Jorge Galiana, nos explica las diferencias que hay entre la crisi actual con otras situaciones de debilidad económica del pasado.

En el artículo Nuestros abuelos emigraron sin Erasmus, publicado en La Vanguardia, Galiana nos da su punto de vista y nos transmite pequeñas dosis de positivismo. Reproducimos este artículo del profesor del Máster MBA de La Salle BCN, en el que podréis ver otra visión menos apocalíptica de la crisis: 

Nunca habíamos visto tantos libros de economía en los escaparates. Ni secciones sepia tan abultadas en los diarios. Tampoco recuerdo a tantos compañeros economistas pronosticando desastres en la radio y la televisión. Voy a comenzar manifestando que considero positivo que la economía se divulgue. Sólo pongo una objeción: no entiendo porqué las noticias económicas han de ser apocalípticas para verse reflejadas en los medios. No soy un “hippie” de la economía, pero hay aspectos que convendría resaltar.

En las crisis de la década de los 70, la inflación llegó a bordear un IPC del 30%. Los políticos no supieron enfrentarse a una situación de estanflación y la “desindustrialización” en España fue terrible. En la crisis de principios de los 90 nuestra economía padeció tres devaluaciones; la tasa de paro era superior a la actual; la población ocupada no llegaba a los trece millones; se pagaba la deuda pública a unos tipos de interés muy superiores a los actuales y el conjunto de la deuda suponía un porcentaje del PIB muy superior al actual.

Hoy aunque el número de parados escandaliza y duele (5.639.500 personas),  estamos trabajando en nuestro país unos 17.433.000 ocupados. La propensión exportadora siga creciendo (porcentaje de las exportaciones sobre nuestro PIB). ¿Por qué ningún apóstol del apocalipsis comenta que nuestra economía está ganando peso en el comercio mundial? Perdido el recurso a las devaluaciones competitivas, nuestras empresas ganan pulso, buscan clientes fuera de nuestras fronteras. Y aumenta el número de empresarios, ahora llamados emprendedores, Freud sabrá el porqué.

Inyectémonos una pequeña dosis de optimismo. Visionemos en la red el discurso de Fuentes Quintana en 1977. Ni miente, ni disimula y los problemas de toda índole que afrontaba nuestro país eran mucho mayores que los actuales. Resulta un cóctel delicioso de realismo, nostalgia y envidia.

Si todos vaticinamos que Grecia abandonará el Euro, España será intervenida y el sistema financiero entrará en quiebra (cosas absolutamente inciertas a fecha de hoy), el futuro resultará más negro. Y sí, conviene explicarles a nuestros jóvenes que cuando sus abuelos emigraban en los años 50, se iban con una maleta de madera y un contrato de trabajo bajo el brazo, dispuestos a trabajar duro y a levantar la economía de su familia. Ninguno de ellos iba de “Erasmus”. Afortunadamente, nuestro país ha cambiado mucho, a pesar de los agoreros.

En La Salle BCN, nuestros alumnos de Máster MBA aprenden a valorar la realidad teniendo en cuenta diversos puntos de vista. Esto les permite ponderar y extraer sus propias conclusiones. Jorge Galiana, profesor del International MBA de La Salle BCN, nos da la visión más positiva. Si quieres conocer más sobre nuestros programas de Máster, inscríbete en la próxima Sesión Informativa de Másters (esta tarde a las 20h)

Jorge Galiana es Profesor titular del departamento de Contabilidad y Finanzas de los programas de Máster MBA de La Salle BCN, donde imparte las asignaturas de Contabilidad Financiera, Contabilidad Analítica, Corporate Finance y Managerial Finance.

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La crisis: ¿buscar culpables o hacernos responsables?

¿La crisis es culpa solamente de los políticos, las constructoras y los bancos? ¿O también los ciudadanos de a pie hemos puesto nuestro granito de arena? Para Jordi Molla, profesor del International MBA de La Salle BCN, la responsabilidad de lo sucedido es más compartida de lo que parece a simple vista.

Molla expresa brillantemente su punto de vista en el artículo Yo también soy culpable de la crisis, publicado recientemente en el diario La Vanguardia y en el blog MBA 360º. Es un artículo valiente, no exento de polémica, que nos invita a mirar la paja en nuestro ojo además de la viga en los ojos ajenos. Lo reproducimos aquí para que nos deis vuestra opinión.

En situaciones de crisis como la actual, el ser humano (es decir, usted y yo) dispone de la capacidad de buscar en los demás aquello que amenaza con destruir su bienestar, su futuro y el futuro de las próximas generaciones de su especie. Una vez finaliza su búsqueda, concentra toda su energía en su dedo índice para señalar a aquellos sobre quienes debe caer el peso de la ley y de la conciencia colectiva.

Pero claro, aquellos que han sido señalados como culpables de toda esta crisis también son seres humanos y, por tanto, también tienen la capacidad de buscar en los demás la responsabilidad de haber causado esta crisis.

De modo que nuestra especie (es decir usted, yo y los demás) tiende a buscar a los responsables de sus propios males en los demás y por ello, en resumidas cuentas, ningún ser humano se responsabiliza de nada. Esa es otra capacidad que poseemos todos los seres humanos: la no autoinculpación. ¿Acaso aparece usted en su lista de responsables de la crisis? ¿Cree que hay alguien que se incluye a sí mismo en la lista de responsables? Yo tampoco aparezco en la mía.

Por otra parte, estará de acuerdo conmigo que, ni usted ni yo, estamos contribuyendo a que esta crisis siga y empeore. No, claro que no. Nosotros no tenemos nada que ver. Son otros los que con sus decisiones o su pasividad están degradando esta situación. Son los demás.

Está claro que no podemos dejar de pensar igual que piensa un ser humano pero, a pesar de ello, le propongo que ahora piense en cómo podríamos contribuir, usted y yo, no los demás, para que la situación deje de empeorar e incluso mejore.

Supongamos en el mejor de los casos que los dos disponemos de empleo. Nos podríamos preguntar, entre muchas otras cuestiones, si en el puesto de trabajo que ocupamos nuestra productividad es óptima y plantearse lo siguiente: ¿No cree que a veces dedica demasiado tiempo a aquello que más le gusta y deja para mañana lo que menos le apetece? ¿No cree que acabaría antes una tarea si dispusiera de menos tiempo? ¿No cree que debería dejar de asistir a determinadas reuniones que no son útiles? ¿No cree que llega tarde por no haberse planificado mejor? ¿No cree que debe empezar a reeducar con nuevos hábitos a aquellos que le interrumpen a discreción? ¿No cree que la presión y el estrés le hacen apagar fuegos de forma constante y que por ello está creando colaboradores con una gran dependencia de usted? ¿Quiere que siga?

Si usted y yo señalamos a los responsables de esta crisis, pero no mejoramos nuestra productividad, de alguna forma estamos contribuyendo a que la situación no mejore.

Quizás ahora está pensando que mejorar su productividad no servirá de mucho y menos aún para crear empleo. Quizás piense que hasta que no cambie la gobernanza mundial o se fijen límites al neoliberalismo, todo seguirá empeorando. Si es así, es que en el fondo acaba de ser vencido por su propia naturaleza de ser humano y piensa que la solución está en manos de los demás.

 

¿Qué podemos hacer nosotros para mejorar nuestra propia productividad y la competitividad de nuestra empresa? ¿Qué lecciones podemos aprender de estos tiempos difíciles? Jordi Molla es uno de los docentes que puede ayudarnos a encontrar la salida a la crisis. ¡Inscríbete en la próxima Sesión Informativa de Másters (miércoles 11 de julio a las 20h) y descubre lo que el International MBA de La Salle BCN puede hacer por tu carrera!

Jordi Molla Calaf, experto en psicología clínica y empresarial, es profesor de Habilidades Directivas en el International MBA de La Salle Campus Barcelona. Además es uno de los socios fundadores de la consultoría de recursos humanos ASSEP.

 

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